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miércoles, 28 de abril de 2010

PERRA VIDA

No tengo amor ni hambre
ni siquiera
habito ya tu instinto o tu deseo.
Temo
en esas soledades de ida y vuelta
encontrarme tus versos o mis besos,
que me huyas
como huyen los tordos cuando llegan
las blancas golondrinas del verano.

Solo mi  perro sabe
del aullido silente de una casa vacía.
Mi perro
que a bien tuvo adoptarme
sabiendo -soberbio compañero-,
que tal vez no le viva doce años.

María García Romero.