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viernes, 7 de mayo de 2010

CONFIESO








Me cansé de buscarles coartadas al silencio,
historias a la ausencia de las noches desiertas,
de sentirme culpable de ternuras trenzadas
y de amarte sintiendo las flores del oxígeno
para poder reír, andar, sobrevolar,
la angustia del paisaje, la ciénaga del miedo.

Yo quería las rosas de pétalos amantes,
las rosas y los lirios de nuestro pacto mágico,
y sólo hallé amargura, y la niebla que entraba
por todos los rincones, también al corazón.

Oh locura, locura, locura...
En una primavera, empapada de lluvia,
tuve que decidir, sahumar mis entrañas
o esperar los demonios que matarme querían;
pero antes
medité largamente en mi propio desierto.
"Romero sólo,
sin más oficio, sin otro nombre,
y sin Pueblo, romero, romero, sólo romero".
Recordando la voz de aquél poeta.

Mis manos pasaban temblorosas,
el Manual de Vida de un filósofo,
el Sutra del Diamante me dió luz,
un vestido de paz a mi medida.

El miedo me pisaba mi sombra y mis talones,
me refugié en la casa de un samurái sin nombre
-su casa no era otra que la propia consciencia-,
dejándome al oído el Credo de un guerrero.

Una tarde de mayo,finalmente el dolor
tan sólo te señala el camino a seguir,
solo tomé a mi numen libertario
mis flores y mis libros
y salí de mi cárcel
 sin mirar hacia atrás.


María García Romero.


mayo 2006.