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viernes, 7 de mayo de 2010

MEMORIA Y SENTIMIENTO







El duende taconea en la penumbra
el aliento de mi soleá.
Me vieste de colores,
alborota
mi pelo entre sus dedos
sin rozarme.
Ilumina la tarde,
los espejos
cansados de la ausencia de mis ojos;
la boca de mi amante atormentado.
Hasta mi sombra huye cuando canta
en mi lengua sus ayes del misterio.

Cómo surgen los montes del olvido
cómo llora la Mar en la guitarra,
cómo, en ese laberinto de calles encaladas
una niña en silencio,
vuelve a leerme el verso de mi infancia.


María García Romero.