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miércoles, 26 de octubre de 2016

EL ESTRECHO.




Cierro los ojos,
Cohen susurra versos a la música,
es invierno, camino por la playa.
Tarifa con el agua honda y verde,
hiela mis pies, me muestra
su terrible verdad en estos vientos.

Entre las aguas veo
 una  luna de algas y corales
  menguante, dolorida;
un mundo no visible, donde flotan
almas sin nombres, seres sin esquelas,
que gritan sin cesar en las corrientes.

-Las olas con su furia,
redoblan esos gritos en mi sangre.


Me vuelvo angustia y sal y carne negra
como otro muerto más junto a los muertos
en esta fosa, anónima y azul,
de catorce kilómetros
abisales.

A merced del vaivén, que no se acaba
mi patera se hunde una vez más
frente a las dos orillas, frente a mí.

Soy un cadáver frío con memoria
y un gemido por siempre del Estrecho.


¿Do I have to dance all night?
Se preguntaba Cohen.



©María García Romero.




miércoles, 27 de julio de 2016

DIARIO.



Toda la vida sola, solitaria, 
no posee manada un unicornio,
y el cierzo despiadado, con violencia,
hace que corran lágrimas, quemando
estas pupilas, 
tinta con la que escribo.

Torres erguidas, chopos inclinados,
aullidos lastimeros de lobos invisibles, 
polvo que se levanta quince metros de altura;
junio dormido y febrero despierto.


Gárgolas negras cantan cerca de las ventanas, 
se va el sol incendiando los puentes sobre el río;
se esconden las palomas y callan los gorriones
y gritan las sirenas sin parar noche y día.

Qué terrible misterio los rostros de la muerte
cuando a los míos muda aún con vida en las venas
y tienen las miradas tres puntos suspensivos.

Voy a plantar adelfas, azules amapolas,
y un ciprés que resista una horca en mi cuarto.



© María García Romero.

viernes, 1 de julio de 2016

TENGO...




Tengo negras las ramas sin consuelo,
desgajadas, heridas por la muerte.
Un rayo sentenció mi triste suerte
y mi tronco, inclinado, besa el suelo.

Quedé partido en dos en este duelo, 
la luna me bendice y me convierte
en una sombra azul. Así revierte
el deseo suicida, si lo apelo.

Quiero vivir, la vida es siempre bella, 
llena de gratitud y de ternura
y morirme de pie, porque es mi sino.

Mi cuerpo se incendió como una estrella,
nunca sabré el porqué de mi tortura, 
este cosijo cruel de mi destino.


© María García Romero.



martes, 7 de junio de 2016

MIENTRAS DORMÍA.



Yo no quiero evocar el paraíso
ni el infierno que habita en la materia onírica,
no diré que es un mundo paralelo,
una llave secreta, poderosa,
que olvidaron los dioses, o es un regalo
que a manejar no hemos aprendido.

En el pasillo, en plena madrugada,
me levanta una urgencia que podría esperar,
de repente lo advierto, no soy yo, aunque soy,
y ese terror extraño, ese frío me hiela,
y corro sin moverme a encerrarme en mi cuerpo.

Entro en una espiral inexplicable
-vida y muerte, se dan cita en mi cama-,
me apuñala un sicario que busca a otro sicario;
mi padre no está muerto, y con sus brazos
trata de protegerme, inútilmente,
sin dolor me desangro, porque soy yo la muerta.

Ya no conozco nada ni siquiera el paisaje,
el caos me cercena el cuello y la cordura,
y quiero despertar con mis ojos abiertos
de esta noche que tiene el corazón parado.

Hay un ángel blanquísimo a los pies de mi cama,
está aullando mi perro a las claras del día.



-No tiene pulso.¿Hora de la muerte?
-Las tres de la mañana, parecía dormir.


       
©María García Romero.










miércoles, 11 de mayo de 2016

NUNCA.


Yo nunca volveré sobre mis pasos
-veo de nuevo nacer la primavera-
a tu casa entre nubes y raíces,
-un pardo ruiseñor gime en la umbría-
de ababoles y campos como el mar.

Yo nunca volveré-voy caminando
hacia la vieja tapia de tus besos-
delante de tu puerta ni el arroyo
de transparentes aguas miraré.
-!Yo maldigo el azar equivocado!


No quiero ver jamás la luna nueva
ocultarse, girar, volverse piedra,
en aquel cielo azul de nuestro cuarto
con olor a jazmines y ansiedad.
-Bailo desnuda
con la mirada lúbrica, por ti.



No quiero que me sueñes sin querer
ni que vuelvas a abrir con una excusa
-mi piel de seda amarga, te desea-
el libro de mi espanto una vez más,
o que de pronto evoques- !dios, tu boca!- 
esta melomanía de mis huesos
-cuando digas mi nombre, moriré-
ni esta desesperada desventura.

Yo tan solo recuerdo ese color
-!Oh, amor mío, aquel abril del alma!-
que adquiere el agua honda entre los sueños.
El verde de tus ojos,
la danza de la noche,
-de tu olvido cerrado, vivo presa-
poca cosa, confieso, 
porque nunca te amé.


©María García Romero.




sábado, 16 de abril de 2016

LA CRISIS.

Tu rostro, 
espejo traicionero de tu verbo,
me muestra los agrios cien gestos del hastío.
Muecas inverosímiles,
máscaras de desdén,
y la mirada fija en vacíos abstractos.

Así hablan las horas, la memoria,
que permanece intacta en las paredes.

Te has sentado en la noche, y la mañana
atónita te ha visto en la misma postura.
No sonríes ni cantas
ni te atreves-conmigo-
con el duende y su tromba.

Te amo-, pero esquivas
la hiedra de mi cuerpo.
-Afrodita me mata clavándome los ojos-
Qué dolor tan extraño;
¿por qué me huele a rosas?
-Ni a ti ni a mí nos gustan las mujeres-
No me digas jamás
que la crisis te ha vuelto catatónico.

María García Romero.
                                               


miércoles, 6 de abril de 2016

ABRIL.


Abril lleno de luz, de soles vivos,
atraviesa la estepa de mis brazos.
Cojea entre mis pies, trata mi lengua
como un amante fiel, como si aún
fuese un cuenco de luna; el ruiseñor
que todavía canta en sus alcores.

Pleno de algarabía en mi ventana
con suavidad, me deja su presencia
en la dehesa triste de mis ojos.
El horizonte azul, los altozanos,
la voz grave del río, y el adagio
que es el cierzo callado cuando duerme.

Yo no quiero morir en primavera
con el almendro en flor y los rosales
ni en la marcha triunfal de cuanto vive,
embriagada de aromas y de trinos.

!Oh, dios! Cómo me duele mi corazón de barro,
mis huesos de madera, los nudos de mis dedos.


María García Romero.











jueves, 31 de marzo de 2016

CALEIDOSCOPIO.



De nuevo se yergue la alameda,
el reloj de la tarde, y los balcones
donde llegan los pájaros sin nidos.

En el salón, sin celebrarse nada,
un bouquet de magnolias
perfuma con su aroma mi presencia.
Todo responde
a las pequeñas cosas necesarias,
esas que nadie sabe
cómo pueden guardar la ternura del tiempo.

!Oh, ríos, soles blancos!,
atravesar mi piel, cantar la primavera,
los dos únicos versos
que escribí como nunca volverá a suceder.

Una firma ilegible, un sabotaje,
fueron los días vanos,
el carnaval donde no sobreviví
a esa frágil mujer de mi memoria.
Esa que era yo
y que apenas recuerdo cómo la asesiné,
y me alejé silbando sin mirar hacia atrás.



 ©María García Romero.

miércoles, 30 de marzo de 2016

RECUERDO.



Dejé tu alma limpia de todas mis locuras,
te devolví la noche,
la luna del embrujo,
y aquel fado prendido al sur de mi memoria.


La boca que besaba,
hambrienta, solitaria,
se cerró para siempre en la luz del Algarve;
se partió el horizonte y el tiempo se detuvo.

!Oh, mi Dios, oh, mi Dios!
Ampara mi derrumbe,
esta fragilidad que se cierne en mi vida
como una enredadera de los mismos infiernos.

Yo lo amaba. !Lo quise!,
mas tuve que volar hasta que solo fue
un punto diminuto, un punzante recuerdo.
Él lloraba de amor, yo de verdad y pena.



© María García Romero.

miércoles, 23 de marzo de 2016

ANGUSTIA.




-"Ya no me quedan lágrimas, 
este llanto no es mío"-


He visto con dolor
una blanca amapola helarse en el Moncayo
esperando
la edad de mi jazmín, inútilmente,
con  la mar cada vez más fría y más lejana.

Y me he visto también a mí misma corriendo,
febril, desmelenada, por el bosque tupido de la noche
a punto de morir
en el difícil parto de un poema.

María García Romero.