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miércoles, 6 de abril de 2016

ABRIL.


Abril lleno de luz, de soles vivos,
atraviesa la estepa de mis brazos.
Cojea entre mis pies, trata mi lengua
como un amante fiel, como si aún
fuese un cuenco de luna; el ruiseñor
que todavía canta en sus alcores.

Pleno de algarabía en mi ventana
con suavidad, me deja su presencia
en la dehesa triste de mis ojos.
El horizonte azul, los altozanos,
la voz grave del río, y el adagio
que es el cierzo callado cuando duerme.

Yo no quiero morir en primavera
con el almendro en flor y los rosales
ni en la marcha triunfal de cuanto vive,
embriagada de aromas y de trinos.

!Oh, dios! Cómo me duele mi corazón de barro,
mis huesos de madera, los nudos de mis dedos.


María García Romero.