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viernes, 1 de julio de 2016

TENGO...




Tengo negras las ramas sin consuelo,
desgajadas, heridas por la muerte.
Un rayo sentenció mi triste suerte
y mi tronco, inclinado, besa el suelo.

Quedé partido en dos en este duelo, 
la luna me bendice y me convierte
en una sombra azul. Así revierte
el deseo suicida, si lo apelo.

Quiero vivir, la vida es siempre bella, 
llena de gratitud y de ternura
y morirme de pie, porque es mi sino.

Mi cuerpo se incendió como una estrella,
nunca sabré el porqué de mi tortura, 
este cosijo cruel de mi destino.


© María García Romero.