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miércoles, 11 de mayo de 2016

NUNCA.


Yo nunca volveré sobre mis pasos
-veo de nuevo nacer la primavera-
a tu casa entre nubes y raíces,
-un pardo ruiseñor gime en la umbría-
de ababoles y campos como el mar.

Yo nunca volveré-voy caminando
hacia la vieja tapia de tus besos-
delante de tu puerta ni el arroyo
de transparentes aguas miraré.
-!Yo maldigo el azar equivocado!


No quiero ver jamás la luna nueva
ocultarse, girar, volverse piedra,
en aquel cielo azul de nuestro cuarto
con olor a jazmines y ansiedad.
-Bailo desnuda
con la mirada lúbrica, por ti.



No quiero que me sueñes sin querer
ni que vuelvas a abrir con una excusa
-mi piel de seda amarga, te desea-
el libro de mi espanto una vez más,
o que de pronto evoques- !dios, tu boca!- 
esta melomanía de mis huesos
-cuando digas mi nombre, moriré-
ni esta desesperada desventura.

Yo tan solo recuerdo ese color
-!Oh, amor mío, aquel abril del alma!-
que adquiere el agua honda entre los sueños.
El verde de tus ojos,
la danza de la noche,
-de tu olvido cerrado, vivo presa-
poca cosa, confieso, 
porque nunca te amé.


©María García Romero.